Entrevista a Roberto Zaldivar

Desde que su hijo Roger continúa su legado, pasa más tiempo en Mendoza. Asegura que investigar lo mantiene entretenido y que “las cosas normales”, muchas veces, lo aburren. También, que lo sorprendió haber sido reconocido como uno de los 100 oftalmólogos más influyentes del mundo. En esta charla exclusiva,  el prestigioso médico oftalmólogo proyecta pasado y presente del instituto y la fundación que creó su padre, Roger Eleazar; habla de sus actuales investigaciones, de Inteligencia Artificial y analiza el sistema de salud de la Argentina. Incluso se da un tiempo para reír abiertamente.

01 de January 1970 - por ComunADV

Desde que su hijo Roger continúa su legado, pasa más tiempo en Mendoza. Asegura que investigar lo mantiene entretenido y que “las cosas normales”, muchas veces, lo aburren. También, que lo sorprendió haber sido reconocido como uno de los 100 oftalmólogos más influyentes del mundo.

En esta charla exclusiva,  el prestigioso médico oftalmólogo proyecta pasado y presente del instituto y la fundación que creó su padre, Roger Eleazar; habla de sus actuales investigaciones, de Inteligencia Artificial y analiza el sistema de salud de la Argentina. Incluso se da un tiempo para reír abiertamente.

Es una siesta de junio en Mendoza. El sol tímido de invierno se las ingenia para cruzar las ventanas de Instituto Zaldivar. Roberto Zaldivar está en su laboratorio, el búnker sagrado en donde diseña instrumentos oftalmológicos que luego son aplicados en el resto del mundo. A las cuatro tiene una entrevista. Sabe que por unos minutos debe dejar a un lado la investigación que lo tiene “entretenido”: la creación de una historia clínica de uso universal; una invención sin precedentes en el ámbito de las Ciencias Médicas.

La entrevista es en el directorio. Llega ataviado de su clásica chaqueta blanca. Saluda con un apretón de manos y guarda el celular en el bolsillo. Despojado de las responsabilidades que definen su apretada agenda, se presta a transitar diversos temas. E incluso a reír abiertamente.

Con Roberto Zaldivar se puede hablar de todo: pasado y presente del instituto y la fundación que creó su padre, Roger Eleazar Zaldivar en 1959; haber sido elegido como uno de los 100 oftalmólogos más influyentes del mundo por la prestigiosa revista inglesa The Ophthalmologist; sus actuales investigaciones y el sistema de salud de la Argentina:

Cuando le preguntaron qué significó para usted ser elegido como uno de los 100 oftalmólogos más influyentes del mundo, aseguró que este reconocimiento fue una sorpresa. ¿Hubo otros, durante su carrera, que también lo hayan sorprendido?

La mayoría de los reconocimientos me sorprendieron. Por supuesto después uno empieza a hilar y va teniendo indicios; sin embargo, en este caso no tenía idea de que se estaba haciendo. Cuando comencé a pensar, me acordé que un mes y medio antes, durante una conversación, un médico norteamericano que vive en Inglaterra me dijo que me había votado pero yo no tenía idea para qué. Después me di cuenta. Me sorprendió porque la votación se realizó, sobre todo, en el hemisferio norte, Asia y Japón; prácticamente, América Latina no tuvo ninguna influencia. Eso lo veo meritorio y muy importante.

Usted y el Dr. Renato Ambrosio, de Brasil, son los únicos latinoamericanos que incluye la lista.

Sí, un oftalmólogo muy bueno y amigo. Vivió muchos años en Estados Unidos.

Ya que lo menciona: muchas veces le preguntaron por qué habiendo nacido allí, eligió Mendoza para desarrollar su carrera y residir ¿siente alguna vinculación con aquel país?

Estados Unidos es mi segunda opción; le tengo cariño porque es el lugar donde nací pero, obviamente, me siento muchísimo más cómodo en Argentina y es el país que represento internacionalmente.

¿Siente que ha cumplido su misión?

La verdad que sí. Muchos de los objetivos que me puse, los cumplí. Quizá el más importante es haber desarrollado un centro oftalmológico de estas características, en Mendoza. Yo modifiqué el modelo planteado por mi padre, que era más local, para darle trascendencia fuera de  la provincia. Creo que he dejado todo organizado como para que futuras generaciones puedan continuar con este trabajo tal y como lo hizo mi padre y luego yo. El modelo está preparado para trascender en el futuro.

En 2019 se cumplen 60 años de la creación de Instituto Zaldivar. Considerando su invaluable aporte a las Ciencias Médicas, en general, y en la oftalmología en particular, ¿cuáles son, para usted, los puntos más sobresalientes de su historia?

Hay muchas cosas icónicas. En la época de mi padre, un momento icónico es la creación de uno de los primeros bancos de córnea del país para realizar trasplantes; algo que hasta el día de hoy es difícil tener y que en los 50 fue de avanzada. Otro momento es la utilización del primer láser de rubí de América Latina en 1961; impensable para la época por ser desconocido. A diferencia de ahora, que cualquier novedad importante rápidamente se transmite por el mundo, por entonces el 99% de los argentinos no sabía de la existencia de este láser. Para darnos una idea, el primero de este tipo que hubo en Buenos Aires fue en 1976. Mi padre hizo mil cosas, fue un transgresor. Estudió en la Universidad de Yale (Estados Unidos), en donde, hasta hoy, hacer una maestría oficial es complicadísimo e incluso muy pocos argentinos logran hacerlo; imaginate 60 años atrás y desde Mendoza.

La transgresión es una constante en su historia familiar. Su abuelo Eleazar, que era enólogo, estudió en Montpellier, capital del vino francés.

Fue un pionero. Se le ocurrió hacer vino de calidad cuando en Mendoza no existía ni era el negocio. En esa época se comercializaba el vino a granel.

Pensando en esto,

¿cree que es hereditaria?

Creo que estamos articulados porque estamos buscando qué es lo próximo. En mi generación haber sido pionero en cirugía refractiva fue lo más importante. Esto no existía en la época de mi padre; modifiqué mi especialidad para estudiar algo inexistente pero que sin embargo creíamos que tenía futuro. También lo fue traer el primer excímer láser de América Latina (N de la R: desde 2017, Instituto Zaldivar cuenta con el primer Amaris 1050RS de la Argentina. Es el excímer láser más veloz y preciso del mercado, capaz de operar una dioptría por segundo). Era tan inusual que no había, si quiera, un sistema de soporte ni teníamos ingenieros para realizar los services. Debíamos manejar todo con Estados Unidos. En Europa, incluso, no creían de la existencia del láser en Mendoza.

El láser era, para los europeos, como la ciudad de El Dorado…

Cuando operé a Bernardo Neustad, hace muchos años, nadie podía creer que fuéramos a utilizar algo que no existía. Decían que era imposible que en Argentina se pudiera operar con láser. Nosotros fuimos unos adelantados. Otro punto icónico de Instituto Zaldivar fueron las lentes fáquicas, especie de lentes de contacto que se colocan intraocularmente. Fui el primero en ponerlos en el mundo occidental. Originalmente estas lentes fueron ideadas por un médico ruso a quien Estados Unidos le compró la patente y desarrolló un lente mejorado. Nosotros fuimos los primeros en usarlo y quienes hemos realizado la mayoría de las mejorías que se le aplicaron durante estos 25 años. El 80% de las grandes cosas que tiene el lente, las diseñamos en Mendoza. Esto es sumamente importante. De 2000 a 2010, las lentes fáquicas representaban el 30% del mercado mundial. Hoy esa cifra ascendió al 90%. Prácticamente 9 de cada 10 lentes que se venden en el mundo son fáquicas.

Usted ha diseñado y desarrollado diversos instrumentos oftalmológicos. Es decir, “construyó cosas”. ¿De alguna manera volcó en la investigación su deseo de ser arquitecto?

Estoy todo el día en eso. Lo que me divierte no es la arquitectura formal porque no tengo capacidad pero sí tengo mucha idea de arquitectura y diseño. En este sentido influyo mucho en cualquier cosa que hacemos: desde la estética de la historia clínica hasta la distribución de los quirófanos; pasando por casas, centros oftalmológicos, institutos. Lo hago por hobby.

En 2010 sumaba 60 instrumentos oftalmológicos. Una década después, ¿lleva la cuenta de cuánto creció ese número?

Sí, he hecho muchos más. Pero en esta última época estoy diseñando más lentes y software para analizar cosas; digamos que cosas más sofisticadas. Roger, mi hijo, diseñó el software HD Analyzer, el primer método objetivo para medir la calidad de la lágrima. Fue desarrollado por la compañía europea Vision Metric y ahora lo compró una compañía inglesa.

¿Qué piensa de la Inteligencia Artificial?

Ya hay Inteligencia Artificial analizando cosas. Cuando hablamos de AI no debemos imaginarnos un robot. En muy poco tiempo, la alternativa de diagnóstico será realizado por Inteligencia Artificial. Esta tecnología es la que permite, por ejemplo, el funcionamiento de los equipos autónomos; he tenido la posibilidad de manejar un auto en el que solo necesité poner la dirección de destino. También permite mejorar performances; las mejores fórmulas que tenemos ahora para calcular cosas están basadas en AI. La AI es lo más trascendente que va a existir.

¿Cómo se ve dentro de los

próximos diez años?

Totalmente entretenido con lo que hago. Calculo que tengo que hacer dos o tres cosas importantes: una de ellas es una historia clínica electrónica. Aunque utilizamos una de avanzada, su diseño ya tiene 20 años; y las otras que existen no me gustan (ríe con picardía), incluso probamos varias norteamericanas y las devolvimos. Todas presentan el problema de estar hechas por técnicos y no por el usuario o alguien con sentido de estética. Es un problema mucho más grande de lo que la gente cree, por eso no hay actualmente una historia clínica dominante.

¿Está trabajando en mejorarla,

 entonces?

Mi objetivo es hacer una historia clínica que sea fácil de usar y universal. En eso estoy trabajando (sonríe). Seguramente, en el futuro, los elementos más importantes de una historia clínica van a ser de Inteligencia Artificial.

Lo dice con una sonrisa…

(Sonríe largamente) ¡Es mucho trabajo! Pero realmente hace falta.

Hablando de trabajo, ¿sus compromisos siguen siendo los de antes? Digo, ¿viaja tanto como en el pasado?

Viajo mucho pero ahora un poquito menos, porque Roger ocupa mi lugar algunas veces. En términos reales, en el instituto estoy dejando mucho más que antes porque estoy tranquilo, ya no tengo que ir a todos lados. Actualmente no estoy en una época enloquecedora, como fue la de los 90, en la que tenía un viaje por semana o cada diez días a Asia, Estados Unidos o Europa.

Ese contacto con otras culturas y sistemas de salud le permiten tener un panorama global del estado de las cosas. En ese contexto, ¿cómo ve a la Argentina?

La medicina en general en nuestro país no es mala. Por el contrario, creo que el sistema de salud es bastante bueno. No tiene parangón en el resto del mundo. El acceso gratuito no existe en otros países. La salud debe ser cuidada porque al ser grande no se puede absorber. Siempre divido a la medicina argentina en cuatro escalones: la medicina privada, que representa un porcentaje pequeño; la medicina de seguros, de las grandes compañías; la medicina de mutuales, que es la proveen los gremios; y la gratuita. Es amplia, cubre a muchas personas. ¿Se podría mejorar? Sí.

¿Cómo?

El problema no es médico sino de eficiencia. Eso sucede en todos lados pero en las reparticiones públicas es peor. La pregunta es cómo ordenar y cómo hacer eficientes a las personas. Que una persona esté esperando diez horas para luego ser atendida cinco minutos no es bueno. Invertiría en hacer eficiente al sistema, más que en instrumental.

Con la creación de Fundación Zaldivar, su padre se propuso abordar desde lo privado a aquellos sectores en los que el alcance del sistema público no es suficiente. ¿Cuál es el balance de estos 20 años?

Estamos muy contentos. La fundación ha crecido paulatina y sólidamente desde 1990. Mantener un sistema realmente gratuito es un gran desafío y requiere mucho esfuerzo. El gran estrés es de dónde sacar recursos para poder mantenerlo, ya que se necesita una gran cantidad de insumos; no solo se atiende el paciente sino que además se lo trata. En realidad, las donaciones son prácticamente nulas en Mendoza, que es en donde más se aprovecha la fundación. La mayoría de recursos se logran a través de eventos en Buenos Aires o de la realización de operativos en conjunto con municipios. El grupo de personas rentadas es pequeño, no son más de seis; y el 99% de los médicos trabajan gratis. En este sentido, no puede ser un sistema más eficiente. Pero es un sistema perverso: cuando mejor le va, el esfuerzo para conseguir insumos es mayor.

En una entrevista mencionó que tiene una vista privilegiada. ¿Qué es, para usted, la mirada?

(Se muestra pensativo) Un médico español realizó una vez un concurso de obras de arte denominado “La mirada”, que consistía en crear una obra que definiera la mirada de distintas personas. La mirada expresa la forma en que una persona ve las cosas. Simplemente eso.

Se lo señala como vanguardista, innovador, visionario. ¿Cómo se define usted a sí mismo?

Soy inquieto, perseverante y constante. Cuando estoy de vacaciones es imposible que me levante después de la siete de la mañana, lo cual me preocupa (sonríe). En un lugar de veraneo, me encantaría levantarme tarde pero estoy tan educado en un régimen de horario que me cuesta mucho disfrutar las cosas normales.

Pero, asimismo, las cosas normales muchas veces me aburren. Siempre estoy pensando en hacer algo nuevo; esa es la manera de mantenerme entretenido. Me costaría muchísimo jubilarme y no hacer nada. De hacerlo, debería cambiar de profesión; tener otro tipo de motivación. En vez de dejar de hacer algo, creo que hay que transferirse a hacer otra cosa.