Oftalmología en el Síndrome de Down

La visión constituye un sentido muy importante para todas las personas, ya que nos proporciona más del 90% de la información que proviene del exterior. Este hecho cobra especial relevancia en aquellos casos en los que una discapacidad dificulta esa conexión tal y como puede ocurrir en las personas con síndrome de Down. Hay varias condiciones que pueden aparecer con mayor frecuencia en el síndrome, describiremos algunas a continuación:

A efectos prácticos se pueden clasificar en defectos refractivos, trastornos de la motilidad ocular, catarata y un cuarto grupo, más heterogéneo menos conocido pero no menos importante, que incluiría diversas patologías menos prevalentes. 

Las ametropías incluyen miopía, hipermetropía y astigmatismo. En la mayoría de los casos la solución pasa por corregir el defecto refractivo con gafas, con las mismas pautas que para la población general. Aunque no es lo habitual, en algunas personas puede ser también interesante la adaptación de una lente de contacto. Sólo excepcionalmente, cuando resulta imposible la corrección con gafas, puede estar indicada la cirugía refractiva, en cualquiera de sus modalidades. Dentro de los trastornos de la motilidad ocular cabe destacar el estrabismo y el “nistagmo”(movimientos involuntarios). 

Hasta un 15% presentan alguna forma de nistagmo. Es muy importante diagnosticar en los niños con síndrome de Down, porque en muchas ocasiones es responsable de una mala agudeza visual, frecuentemente bilateral. 
Las cataratas en el síndrome de Down presentan características diferentes según la edad a la que aparecen. La prevalencia en el síndrome puede llegar hasta un 86% según algunos autores, aunque sólo requieren intervención quirúrgica en un pequeño porcentaje de casos. 

Dentro del apartado “otras patologías”, cabe destacar las siguientes:

- Blefaritis, se manifiestan por un enrojecimiento crónico del borde libre palpebral y por una descamación entre las pestañas, con episodios de mayor y menor actividad. Su tratamiento incluye una adecuada higiene palpebral y pomadas antibióticas o antiinflamatorias. 

- Queratocono: significa córnea en forma de cono, se produce por una debilidad en el colágeno corneal, generando un adelgazamiento progresivo de la córnea, existen 4 estadios de queratocono siendo tratable desde estadios iniciales para evitar la progresión con medicación y a medida que va avanzando se pueden realizar técnicas quirúrgicas para frenar la progresión y con ello evitar el avance. La prevalencia de las formas subclínicas es muy elevada en el síndrome, si bien las formas clínicas también son bastante frecuentes. En general se manifiestan por un astigmatismo elevado o por una disminución de la agudeza visual corregida.  Suelen ir asociados a trastornos de superficie ocular o blefaritis. El queratocono tiene una fuerte asociación con el acto de frotar los ojos, por lo cual se debe evitar ya que esta situación predispone el empeoramiento de la patología.

En algunos casos en el que el queratocono no ha sido diagnosticado y frenado a tiempo, llegan a la consulta pacientes con un estadio avanzado, en estos casos puede ser necesario tratamiento quirúrgico mediante queratoplastia o trasplante de córnea.
De cualquier manera, resulta imprescindible su diagnóstico precoz ya que es sencillo, implican un importante compromiso visual y su tratamiento quirúrgico es eficaz en la mayoría de los casos.

Revisiones oftalmológicas aconsejadas 
La primera visita al oftalmólogo se debe realizar durante los tres primeros meses de vida, sobre todo para descartar la presencia de una catarata congénita, que en la mayoría de las ocasiones requiere una actuación inmediata.

Si los padres no aprecian ningún otro problema oftalmológico, la siguiente visita se debe realizar a los 2 años y medio. A partir de entonces se recomienda una revisión oftalmológica anual durante toda la vida. En las revisiones pediátricas se debe poner especial atención a la agudeza visual, la presencia de catarata, la motilidad ocular extrínseca y los defectos refractivos. 

A partir de las 11 años, en adolescencia y en los adultos, además de la exploración de la agudeza visual, debe realizarse una biomicroscopía completa, en busca de patología palpebral, corneal o cristaliniana y realización de estudios especializados de la cornea (topografía y tomografía corneal).

Particularidades del paciente no colaborador, entre las personas con síndrome de Down pueden darse diferentes grados de colaboración por eso es importante tener en cuenta una visita anual mínima para que el niño se mantenga familiarizado con su medico y los equipos oftalmológicos.

De cualquier forma, hay que tener en cuenta que el síndrome de Down per se no es un motivo de pérdida de agudeza visual, sino que se deben identificar las posibles causas que la producen. Del mismo modo, un valor reducido de dicha agudeza no significa necesariamente la presencia de una patología, ya que la falta de colaboración, el déficit de atención y las dificultades de comprensión o expresión de estas personas suelen reducir artificialmente el resultado. 

Dr. Carlos H. Gordillo (n)
Dpto de Córnea – Instituto Zaldivar

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